El concepto de dificultad: de la palestra a la montaña.

 

Si bien se pretende que la escalada palestrera es una alternativa deportiva claramente diferenciada del montañismo, todavía resulta difícil deshacerse de algunos problemas derivados del origen común de ambas disciplinas. 

El punto en cuestión es determinar si las dificultades en la palestra y en la montaña son las mismas y por consecuencia saber si el nivel de destreza logrado en la palestra de ciudad puede trasladarse sin mas a la montaña.

 

El palestrero sin experiencia en montaña, generalmente supone que la única dificultad que existe, aun en montaña, es el llamado “grado técnico” de la escalada. No tiene nada de raro que piense así ya que en su práctica diaria esa es la única dificultad que conoce y palpa.

Ahora bien, si este modo de ver las cosas es correcto: Porqué las primeras veces que un palestrero intenta una vía en montaña una dificultad dos grados mas fácil que su nivel de ciudad suele colocarlo al límite ? Porqué una dificultad del llamado 6a en palestra está  al alcance de casi cualquiera y abrir un largo de ese nivel en una ruta nueva en terreno de alta montaña (en sentido amplio) es algo reservado a una elite ? Cuál es entonces la dificultad de la vía normal del Aconcagua,  de una incursión en el Hielo Continental o de un ascenso en el Llullaillaco, si hay poco o nada que escalar? Ninguna dificultad acaso ?

 

 

 

El ambiente. Los seres vivos de todas clases, se caracterizan por librar una eterna lucha con el medio ambiente que los rodea, intentando mantener dentro de su propio organismo condiciones físico-químicas que les permitan cumplir con una ley a la que están absolutamente sujetos: la supervivencia. Ante un medio adverso, disponen de una serie de recursos   ( taxias, tropismos, reflejos, conductas, etc.), pero traspasado cierto límite (bastante estrecho), es imposible la vida y el ser muere. Por eso los seres vivos se han establecido y adaptado a ambientes que permitan medianamente su existencia y por eso el hombre no ha logrado asentamiento permanente en las altas montañas.

Radiación,  bajas temperaturas, condiciones de agua adversas,  falta de oxigeno. A esto se agrega el aislamiento: en la mayoría de las montañas no se encuentra disponible todo el bagaje tecnológico que facilita la vida de algunos humanos de las ciudades. No hay canillas, ni techos, supermercados, estufas o electricidad, tampoco doctores ni ambulancias (algo de toda la civilización  debe contener una mochila bien provista...)

En general, la dificultad ambiental, es un concepto difícil de identificar, pero  puede decirse que  se incrementa proporcionalmente con factores como la altitud absoluta,  la latitud geográfica y el grado de aislación.

Bajo este punto de vista, la escalada palestrera, es exactamente igual que cualquier otro deporte convencional pues se desarrolla en un ambiente al que el deportista está habituado (que de todos modos, si llueve, hace demasiado calor o frío, o no se siente bien, puede elegir no jugar o abandonar el juego). Así es que la habilidad necesaria para superar cierta  dificultad en una palestra de escalada, no es casi nunca la necesaria para transitar terreno montañoso (la palabra “transitar” se utiliza en sentido amplio: dormir y descansar, comer y  beber, abrigarse y guarecerse, orientarse, resguardarse de peligros objetivos, mantener la voluntad y la motivación, caminar y escalar en roca, nieve o hielo).

Si el palestrero se traslada a la montaña ignorando este cambio radical en el ambiente no solo tropieza con riesgos y dificultades para los que no está preparado; además lo hará en la creencia de que su tenaz práctica ciudadana le permitirá encarar objetivos de una dificultad superior a sus  verdaderas capacidades. 

La mayor parte de las veces existe una “alarma” previa, pues este ambiente se manifiesta en lo que el montañista considera su “confort”. Sed, hambre,  fatiga, soledad, frío, desamparo, vértigo, miedo. (todos exigimos un "status mínimo de confort" de nuestro medio ambiente y cuando no estamos satisfechos hacemos lo mismo que las lombrices o las amebas:  buscamos un sitio mas propicio, la protección de la casa, el afecto de los parientes, la buena comida, una cama). En estos casos el deportista  regresa frustrado y con absoluta incomprensión de qué es lo que falló, pero el mal es menor.

En definitiva,  como el montañista amateur  va a la montaña para jugar un juego ( no obtiene nada “útil” en esto),  cuando el ancestral llamado de la supervivencia  apremia - en forma de un disconfort intolerable - atiende al llamado y "se salva". Esa situación hace que en la montaña, antes que escalar  haya que saber sobrevivir con un nivel de comodidad que permita mantener la motivación de jugar el juego que hemos ido a jugar, a veces el juego de la escalada o a veces el mismo juego de sobrevivir y cumplir un objetivo en esas condiciones adversas.

Los casos mas peligrosos (aquellos que pueden originar accidentes) se plantean en general  con individuos de alta tolerancia a la adversidad, o ante riesgos que están relativamente “enmascarados”.

 

 

 

Conclusiones. Especialmente en ciudades alejadas de la montaña, es paradójicamente la palestra una de las grandes puertas de inicio al montañismo.

Por eso, el mismo énfasis que con toda justicia se ha puesto en diferenciar a las nuevas disciplinas del alpinismo tradicional debe también derivarse al análisis, debate y prevención de las limitaciones que pueden tener las  “destrezas” adquiridas para una actividad en la otra, y sobre todo advertir sobre esto a personas sin experiencia.   

Lamentablemente, el rápido progreso que la escalada en palestra permite, tiende a entorpecer las cosas: no solo puede confundirse quien debería señalar esas limitaciones (al sobrevalorar las capacidades del palestrero), sino que tampoco éste aparece dispuesto a conceder que en montaña de relativamente poco le servirá la cuota de destreza que ha obtenido tan rápido.-

No se trata de poner obstáculos inventados ni de minimizar el enorme valor que tiene la escalada deportiva en palestra como nueva alternativa de deporte urbano.  Solo  de prevenir accidentes generalmente evitables.