Martes, 18 Octubre 2016 04:00

ESCALADA A LAS CALETAS – SAN JUAN – 28-7-16. Via Miyutita.

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Por Alexis Moreno y Carlos Abdala.

Arrancamos de la localidad de Pavón Arriba a las 21,30 hs.,  y tras 11 horas de viaje estábamos atravesando el Oasis  de Tulum, en cuyos valles fue asentada la ciudad capital San Juan; íbamos rumbo a la región de Calingasta[i]. Mucho antes de llegar al Oasis empezamos a notar el cambio en la naturaleza, comenzaba a dominar un paisaje de pequeños arbustos espinosos esparcidos vagamente en un mar seco de  arena tierra y sal. A lo lejos  al Oeste y a nuestra izquierda la precordillera de los andes formaba un relieve montañoso coronado por picos nevados.

 

  A la vera de la mítica ruta 40 por la que circularíamos hasta Talacasto algunos puestos carreteros ofrecían en frascos acomodados prolijamente en estantes de caña los frutos del Oasis, miel, vinos, dulce de membrillo, de damasco, pasas de uvas, aceitunas; paramos en uno de ellos; en el lugar nos atendió una mujer de pelo renegrido, rostro delgado, y pómulos pronunciados, de mirada profunda, y labios semi gruesos, estaba acompañada con su hija con no más de tres o cuatro años de edad; quizá por sus venas corriera mestiza algo de la sangre  de los antiguos pobladores Huarpes del lugar[ii]. Pese a su disolución étnica y desaparición cultural,  tal vez el espíritu laborioso, amable, y pacífico de los Huarpes habitaba esa mujer que nos atendió, también supongo que la lengua huarpe allentiac[iii] debe haber tenido alguna influencia en la tonada melosa y cantada de su hablar Sanjuanino. Compramos Miel para usar en el desayuno y continuamos viaje por la ruta 40 en dirección  a Talacasto, allí a la altura de un parador desolado que se yergue a la vera de la ruta bifurcandose, se abre la ruta Nº 436 que nos llevaría en dirección al Oeste 50 kms para tomar en una segunda rotonda la ruta 414  atravesando la precordillera de los andes. Nos detuvimos en el parador y consultamos con unos trabajadores de vialidad la ruta. Hicimos lo mismo con el encargado del parador y con unos turistas extranjeros que venían de la zona a la que transitábamos.

  El trayecto desde Talacasto hasta el paraje de Calingasta es precioso, empezamos a trepar, subidas y bajadas, curvas y contracurvas, y sin darnos cuenta, cordones montañosos fueron naciendo a nuestro alrededor envolviéndonos bajo un cielo limpio completamente azúl, con sus paredes pardas, sus laderas rugosas;  ahora frente nuestro y al fondo los cordones completamente nevados de la Cordillera fueron insinuándose cada vez más, bellísimos, formidables e imponentes,  lejanos y llenos de misterio, el cerro Mercedario pronto se mostró completamente, nos hallábamos en lo alto de la precordillera, en las tierras de Hunuc Huar, quien se nos presentó con todo su vigor acogiéndonos amigablemente.[iv]

 Ya bajando por la precordillera  y sobre el valle de Calingasta vimos por primera vez las opacas aguas verdes y tornasoladas del Río San Juan que comenzó a bordear la ruta sonoro y  torrentoso; allí la ruta Nº 414 se corta en la ruta Nº 12 transitable en dirección a Calingasta e intransitable en dirección a Pachaco; habíamos atravesado la precordillera en su cara Oriental con emoción, llenos de entusiasmo y veneración por ese territorio sacro; ahora nos encontrábamos adentrándonos en el valle precordillerano de Calingasta.  

Llegando a la localidad de Calingasta la naciente del Rio San Juan en la confluciencia del Rio de Los Patos y el Rio Castaño.[v]

En la pequeña localidad de Calingasta paramos a cargar combustible en una modesta estación de servicio situada a la vera del camino fuera del poblado al que no ingresamos.  La estación tenía un solo surtidor  muy antiguo en funcionamiento, habíamos llegado con el tanque completamente en reserva, así que bajamos llenos de júbilo por que no sabíamos si la cantidad de combustible era suficiente y durante todo el viaje fuimos realizando maniobras inverosímiles para ahorrar combustible. – Era Necesario venir al medio del Desierto a escalar– le dije en un momento a Alexis, quejándome de nuestra fortuna incierta.   Fuimos atendidos por una joven delgada, y simpática, de aspecto pueblerino, muy sencilla, agradable, y bonita. Le preguntamos si conocía los sectores de escalada, y no supo contestarnos, creo que se acongojó de no podernos dar respuesta, finalmente nos dijo que sabía que se escalaba pero no sabía bien donde. Nos comentó que la localidad no tenía más de dos mil habitantes.  Continuamos viaje hasta Barreal, a unos cincuenta kilómetros de Calingasta, y allí tras abastecernos con agua, continuamos 25 kms más hasta Las Caletas por un camino de ripio  a la salida de Barreal a unos cien metros donde empieza la ruta que va a Mendoza. El camino iba cuesta arriba, adentrándose  en la anatomía profunda de la Cordillera, esto  nos permitió ver con detalle las serranías precordilleranas. Un desierto de arena y paredes rojizas nos deslumbraron con sus formas accidentadas. Queríamos escalarlo todo, abrir vías[vi] en todos lados.  Pronto estábamos frente a la enorme pared que queríamos escalar, situada al otro lado del Rio de los Patos que nos acompaño los 25 kms con sus aguas sonoras y sus márgenes llenos de piedras blancuzcas, y redondeadas, de diferentes tamaños.

 –Mirá Carlos – me dijo encendido, señalando la tercera fisura ancha que corría terrible, vertical por uno de los diedros de la anchísima pared ciento setenta metros hacia arriba; -  Esa es la vía que vinimos a buscar -. La cima estaba unos cuarenta metros más arriba a unos doscientos metros de altura. La pared se veía tremenda, muy vertical, salvaje e intimidante, habíamos recorrido un largo camino para medirnos con ella. Y ahí estaba nuestro desafío; bellísimo. Sentí un profundo vació, una ansiedad crepitante. Pensé en las fisuras más difíciles, sentí miedo, sobre todo de mí, de no tomar las decisiones acertadas, esperaba tener el coraje de equiparlas[vii] cuando llegara el momento. Pensé en la roca, en que ojalá fueran vías limpias, me acorde de Iñaki y su trágica muerte, sabíamos que no iba a ser así, eran sectores poco escalados, y de lejos ya no se veían bien, sobre todo en la parte superior, se veía mucho roquerío; en que la roca este en buen estado y podamos poner los seguros con tranquilidad, no quería escalar con seguros psicológicos, ojala no tuviera que poner seguros en roca podrida. Pensé en la fisura, se veía anchísima, en que ojalá nos permitiera proteger los tramos de la ascensión, no teníamos equipo para asegurar fisuras anchas, así que llegado el caso deberíamos subir sin protección en los tramos anchos. Pensé en los mortales rapeles, en el cansancio de una bajada nocturna. En el severo aislamiento en que estábamos y lo que implicaba.  Respiré y decidí dejar el futuro incierto.     

La aventura tiene eso de atraer los sentidos fascinándolos, y movilizar las emociones. Esa comunión a lo que está ocurriendo, es la nota que hace sentirnos protagonistas de la vida, que es importante lo que hacemos y  se relaciona inmediatamente con algo esencial nuestro. Pienso que clavar un clavo puede ser una gran aventura si logramos esta conexión. Cuando amas y crees profundamente en algo lo haces con entusiasmo, ese amor y esa creencia le da sentido a lo que haces, es sagrado.  Comienza algo, no sabes bien que, no hay un horizonte claro, de certezas, hay entusiasmo, El misterio forma parte de lo sagrado porque demasiadas veces involucra ir a lo desconocido. Se elige todo el tiempo vivir por lo fútil y banal, o por lo sagrado. Estas elecciones son casi intuitivas,  no sabes muy bien que estás haciendo o porque. Se elige con el corazón aun cuando no sabes mucho de él, no estás acostumbrado a escucharlo, a conversar con él, y es difícil entenderlo. Todo es muy confuso, y te haces la pregunta ¿Para que hago esto?, ¿Qué estoy haciendo acá?. Es una pregunta que no tiene respuesta, te la haces como quien arroja una piedra al vacío, y seguís. Hay algo interior que te incita a seguir y eso es suficiente.  Cuando pese a la confusión lo sagrado se vuelve parte de tu vida, se integra de uno u otro modo,  abrís vías que te llevan a sitios inesperados. El mundo nuevo a veces no es lo romántico que creías iba a ser, tampoco están las recompensas, ni elogios que acostumbrabas recibir. Cada paso es un verdadero momento vertical que agotadoramente lo involucra todo, mente, sentidos, emociones, y no estas habituado a vivir así.  Es necesario afrontar los miedos, y convivir con esa sensación agobiante de que vas volarte en cualquier momento. Y cuanto más paralizante es esa sensación de miedo, ansiedad, incertidumbre, confusión  y oscuridad, cuanto más complicadas y difíciles se muestran las cosas, sabes que estas apostando fuerte, que estas subiendo, y vas por buen camino. Tenes que decirte -Hay que seguir-. Es el miedo el que nos hace creer que todo es difícil y complicado.   Basta saber que la decisión de salir, de seguir siempre es la mejor, y la de esperar la peor opción. Más tarde o más temprano aparecen  pequeñas rugosidades desapercibidas, ves señales que te orientan,  te das cuenta que las cosas simples son las extraordinarias[viii], que en ellas es evidente la verdad, no importa la vía que abras, no importa el lugar donde vayas. Pero cuidado con el romanticismo también es preciso saber que en este mundo cualquier día es igualmente bueno para vivir o para morir. La victoria o la derrota son anecdóticos, el éxito y el fracaso ininteligibles, fútiles, el mundo sus lugares y momentos no son un riesgo, ni una amenaza,  sino una oportunidad, una ocasión para medirnos, para ponernos a prueba, para retomar el rumbo perdido, para aprender, y también para irse.

Dejamos la camioneta y caminamos hasta la vera del río como dos niños, contentos sin más motivos que habitar en ese mundo novedoso.

 Alexis trataba de identificar los largos de la vía, vimos una mancha blanca a la mitad de la pared que supusimos podía ser un descuelgue[ix], lo que nos tranquilizó, porque no sabíamos con que nos íbamos a encontrar, el lugar era muy poco concurrido y no sabíamos cual sería el estado de la vía y si estarían los descuelgues que marcaban los topos, también desconocíamos el estado de la roca por lo que no sabíamos que tan seguros podrían ser los descuelgues naturales que eventualmente montaramos para rapelar.  Después siguió con los diferentes sectores del lugar, jugaba con la vista y la imaginación tratando de encontrar analogías con los topos que llevamos. En un momento le perdi el ritmo, iba de un lado para el otro, señalando lugares que leía su mente, con la que recorrió todo el lugar. Decidí ponerme a buscar un poco de leña para encender fuego cuando armáramos el campamento, había bastantes arbustos de mediano tamaño, la mayoría completamente secos, con ramas retorcidas, y finas, pero de tronco y  raíces robustas. Junte algunos y los cargue en la camioneta, había suficiente leña para calentarnos varios días y eso me alegró. Levanté la mirada Alexis estaba ya lejos adelante en el camino soñando con sabe que cosa. El demonio del hacha,  como le apode en las ocasiones en que lo ví manifestarse en él, quizá estuviera pacientemente afilando su herramienta otra vez. Es un demonio temible y necesario, que acompañaba a mi compañero de cordada sobre todo en sus momentos más primitivos, capaz de todo, con un gran sentido de la oportunidad y lo más importante fácil de invocar. Llegado el caso estaba dispuesto a usar su demonio personal para nuestra protección.

  Me señalo un lugar y me grito, no entendí lo que decía pero supuse que se refería al campamento. Era un sector a unos mil metros sobre la margen izquierda del cajón en el que estábamos, subiendo unos metros del camino entre unas enormes piedras de unos siete metros de altura que formaban un espacio reparado.  

En una hora habíamos acampado. Teníamos leña, agua y recién estaba atardeciendo. Nos dispusimos a encender el fuego apenas comenzó a atardecer. Y tras hacerlo nos fuimos a contemplar el valle por donde habíamos subido, se veía el rio de los patos perderse en la serranía que nos cerraba completamente, dejándonos con la sola compañía de Hunuc Huar, que se volvió a hacer presente entre nosotros. Estábamos felices, completamente felices, el Dios protector nos había aceptado, quizás al día siguiente necesitáramos su ayuda. Nos emborrachamos un poco con vino, arrumados por el fuego que encendimos bajo el abismante cielo Sanjuanino repleto de estrellas, asamos una carne – chingolito-, unos panes,  y después de delirar un poco nos dormimos.

 Al día siguiente, el alba llego con unos tonos anaranjados cálidos, la luz del amanecer en las montañas es frágil y sumisa, haciéndonos apreciar los colores del cielo sanjuanino. Pocos minutos más tarde, el sol asomaba iluminándonos, sus primeros rayos contorneaban tenues y suaves las siluetas serranas, iba a ser un gran dia!  Preparamos nuestro tradicional desayuno de la “Climbing Band”, esta vez eran unos mates con avena y miel, y algunos bocadillos de pan que habíamos asado a la noche. Fuimos discretos en la preparación, en comparación con otros desayunos en el que circulaban el mate, una ollita con avena, miel, cereales y gajos de mandarinas, una olla con fideos con oregano, y otra ollita con arroz, vaya a saber con que otro ingrediente secreto. Separamos el equipo necesario para una escalada alpina de varios largos y enseguida armamos las mochilas de ataque, una linda aventura se nos aprontaba en este lugar inhóspito.

Llegamos caminando hasta la orilla del Rio de los Patos, que estaba a unos mil metros del campamento. Teníamos que vadearlo, observamos con detenimiento por donde pasar, no era nada sencillo, había mucho caudal de agua en 25 mts de ancho que corría con violencia, agua turquesa del deshielo que viboreaba por el valle de manera pintoresca, perdiéndose en el cordón montañoso de la Cordillera de Los Andes. Nos sacamos los pantalones para no mojarlos, mochilas al hombro, remeras y zapatillas puestas. Carlos tomo la iniciativa y comenzó a cruzar. Veía en su rostro una parte del sufrimiento de sus piernas resistiéndose a las bajas temperaturas, pero eso no fue todo, al avanzar hasta la mitad del afluente, de repente lo vi bajar un escalon en el que el agua lo superaba por encima de su cintura, su preocupación y su lucha por llegar a la costa sin que la correntada lo arrastrase. Al final pudo lograrlo. Los efectos de la naturaleza a veces engañan a los ojos del hombre, a simple vista parecía fácil atravesarlo por donde paso mi compañero, pero no fue así. Enseguida me aliste y decidí cruzarlo a unos 300 mts rio arriba donde creía que era menos difícil. En definitiva era más ancho, de unos 30 mts aproximadamente pero menos profundo.

 Una vez del otro lado del rio, nos secamos y continuamos caminando unos 20 minutos más hacia el pie de la via “mini yutita”, una pared impresionante e imponente que emergía ante nuestra existencia, pensar que semejante pared de roca volcánica, virgen y vertical, podía atrapar nuestra atención e imaginar líneas por donde quiera.

Estábamos ansiosos por trepar ese muro, eran las 11am del sábado cuando estábamos ya en el pie de vía preparando el equipo para el ascenso, mirando esa línea, una línea muy obvia, nuestra imaginación comenzaba a seducirnos transportándonos a cada uno de esos largos de cuerdas que nos permitía soñar con grandes cosas. Nos pusimos los arneses, nos colgamos los Camalots, pédulas, nos encordamos, agua, algo de comida, y a escalar.

 Primer largo deportivo de la via, graduación 5+, que primereo Carlos, era un placa escalonada donde empezábamos a ver algunos pedazos de piedra en mal estado e iba hasta un repisón justo debajo de la fisura que debíamos escalar. La roca de color rojo parduzco, estaba tallada irregularmente en toda su superficie, como si hubiera sido cincelada. Había mucha piedra suelta, por lo que había que moverse con cautela. Pronto estabamos en la primer reunión.

El segundo largo, 6a+, un diedro  que contaba con una fisura en el ángulo formada por la apertura de su pared derecha, y una microfisura de dedos en la placa frontal donde se podía asegurar con algunos microfriends o stoppers. Los primeros diez metros de la escalada transcurrían en la fisura fina de la placa frontal (placa de la izquierda) que en ese momento todavía recibía el sol, los pájaros que nos sobrevolaban en el cielo proyectaban figuras fugaces en la pared. Esta fisura luego se unía con la del diedro. La pared derecha estaba en sombras.  Al final del largo un bloque desplomaba la vía y obligaba a una salida de techo, o a avanzar por la pared izquierda, muy expuesta.  Comencé a treparlo con el río de los patos rugiendo lejano, todo lo que tocaba se desmoronaba, golpeaba las lajas antes de ejercerle fuerza para chequear que este en buen estado y sonaba a hueco, comenzaba a preocuparme, cada metro que subía era peligroso, todo se caía, empezaba a poner seguros más cercanos, cada tres metros aproximadamente, estábamos reconociendo el terreno de escalada, y pese a la importancia de la velocidad en una escalada de multilargos,  una eventual caída ante el estado de la roca podía llegar a complicarnos la escalada, al llegar al bloque intento esquivarlo por la placa a mi izquierda, abro mis piernas haciendo oposición y finalmente me monto en la pared, no había donde asegurar y el paso estaba muy expuesto, el último seguro estaba unos metros más abajo, y no era fiable, vuelvo a la fisura, y luego de reacomodarme monto un seguro, puedo ver que en el interior de la pared había un nido de condor y excrementos, - hay un bicho acá – le grito a Carlos al ver una cría; Carlos desde abajo se burlaba de mis titubeos; -¡Vamos Susana la Cosedora¡- Seguí. Había sermoneado durante toda la aproximación a Carlos con la importancia de ir rápido si queríamos llegar a la cima. Tenía razón,  continuo  y subo por el bloque desplomado, a la salida puedo ver un cielo azul completamente despejado y los picos nevados de la cordillera, estabamos a setenta metros de altura en una vía completamente aérea, muy expuesta, bellísimo, seguí monte la reunión y esperé a Carlos, que llegó rápidamente. Rápidamente baje mi seguro de la reunión, montamos un reenvió y Cárlos se preparó para seguir escalando de primero; miro el reloj, íbamos bien, estábamos escalando a buen rítmo, este era uno de los objetivos que nos habíamos propuesto como cordada de multilargos; le  digo a Carlos que teníamos que mantener el ritmo,   que había que estar en treinta minutos en la reunión del tercer largo; Carlos asintió con la cabeza, se concentró mirando la fisura, la recorrió de arriba para abajo varias veces, mientras acomodaba su equipo en el arnés, estaría solo completamente solo a  partir del momento que dijera –voy- y yo le diera el Ok para que subiera, su vida dependía que tomara las decisiones correctas, de que la roca lo aceptara,  de la suerte.   Pude ver en sus ojos, en la seriedad de sus fauces que estaba resolviendo vitales asuntos, analizando la vía, tenía el aspecto de un tipo duro, dispuesto a vérselas con su desafío, no había ningún indicio de indecisión. El largo (tercero) era un diedro escalonado, con mucho para proteger, la pared derecha se abría formando una fisura ancha, había lajas a lo largo de esa pared, Carlos la ascendió sin dificultad, pronto note que había resuelto minimizar las protecciones, puso el primer seguro a unos siete metros, y el segundo para proteger el paso al final de la vía, cuando la pared se cerraba formando un bloque gigante que obstruía la fisura, lo superó por la derecha, utilizando la línea de una laja para avanzar con técnica de dulfer.

 En menos de media hora estabamos los dos en la reunión preparados para hacer el cuarto largo, un 6b, estábamos muy bien de tiempo. Habíamos bromeado bastante sobre este momento cuando íbamos en camino a San Juan, como escalador más experimentado y con mayores habilidades naturalmente habíamos asumido que debía equipar estas fisuras. Así que cuando llegué a la reunión Carlos ya estaba aprestado para cumplir su tarea de asegurador. También habíamos conversado del proyecto de escalar El Cohete a fin de año, a Carlos le preocupaba su falta de experiencia en fisura, y las dificultades para entrenar la técnica fuera de la roca, así que lo insté a equiparla convencido en que era una buena oportunidad para forjarse en el grado. El largo es  un diedro que inicia en una fisura ancha  y esto no permite colocar seguro intermedio, es muy  mental en ese primer tramo, luego la fisura se angosta y continúa hasta una reunión aérea que te deja literalmente colgado en la pared derecha. ¡ Como anda el soldado motoneta!  – le grite riéndome- Lo vi subir con tanta decisión que me dejo tranquilo, primera vez que hacíamos cordada de varios metros alpinos, sabía que podía contar con su entusiasmo cuando sea necesario, la aventura es una fuente de confianza en sí mismo, y es lo que hacíamos, vivir.

 Llego el quinto largo de la vía, una fisura con un poco de diedro, 6a+ bastante sostenida, vertical y aérea, el mejor largo de la vía sin dudas, la regularidad de la fisura del ancho de un puño permitía ascender utilizando puramente la técnica de fisura. Luego otro largo de 6b, peligroso y expuesto, otro diedro grande con fisura ancha que permitía asegurar muy poco dado al mal estado de la roca pero era accesible treparlo ya que la dificultad estaba en el tramo final con una salida de un techito que por suerte podía asegurarse, ahí Carlos progreso asegurando con dos Friends, a modo de anclaje, eran los únicos seguros confiables de todo el largo, supero el paso con garras, y luego una pendiente de 20mts de 4+ que iba a la nada misma, armó un relevo donde le pareció posible, era un terreno riesgoso por la inclinación y exposición al vacío, con roca muy podrida, no había nada potable, todo se derrumbaba, fin de las verticales. Estabamos en lo mas alto de la pared, nos abrazamos, hicimos unas fotos del paisaje y presionados por el correr del tiempo y la puesta del sol comenzamos a prepararnos para los eternos rapeles antes que nos agarre la noche.

Eempezamos a buscar chapas o argollas para poder descolgarnos, nunca las encontramos, enseguida identificamos una situación compleja, nosotros allá arriba, nada para poder bajar, toda la roca estaba podrida, estábamos en un momento de tensión. Escalar es una actividad riesgosa, uno se expone constantemente a las fuerzas que están fuera de control y que no guardan relación con el ser humano.

Encontramos un pichote grandísimo para descolgar nuestras vidas de esa pared. Miraba ese bloque y tragaba saliva, mi cabeza era un mar de incertidumbre, no confiaba plenamente en ese pedazo de piedra agrietado en mil partes, era lo único que había. Lo miraba a Carlos, el me miraba a mi, ambos coincidíamos con nuestras caras de preocupación. Terminábamos de subir un muro de 230 metros totalmente psicológicos, todos los seguros eran psicológicos, trepando con el cuchillo entre los dientes, relevos expuestos de una sola chapa, había sido todo muy extremo. A pesar de todo conservamos la calma, había que ser precisos en el poco margen que teníamos.

Comenzamos a anudar cintas para rodear el bloque, sumado a algunas maniobras extrañas para poder asegurarnos mientras montábamos el sistema de rapeles.

Carlos me miró mientras montaba el descuelgue natural, y me dijo –Me parece que es mejor que vayas vos primero por si hay que hacer alguna maniobra -. Nos miramos, y nos reímos de la muerte, de mi propia muerte. No pudimos evitar pensar ambos lo mismo, quizás me estaba condenando.

 El miedo nos rondaba, pero no nos había vencido no nos paralizaba, no podíamos ver hacia donde caían las cuerdas, ni hasta donde llegaban, no teníamos noción de donde iba a ser nuestro próximo rapel, pero sabíamos que no podíamos pendular porque ese bloque estaba sosteniéndose de nada, estaba ya atardeciendo. Tener miedo es una constante en estos terrenos y en algún momento todos lo sentimos. Advierte acerca de la gravedad, pero no debe transformarse en pánico, este paraliza y es lo que no debe suceder. Uno puede huir de sus miedos, o enfrentarlos, pero nunca paralizarse. En este caso no teníamos muchas opciones solo afrontarlo. Unos minutos más tarde me preparo para bajar, mi corazón latía con un ritmo increíble, clavando la mirada en las cintas, un pequeño fallo en el sistema significaba una catástrofe inevitable. La muerte es un tema que todo escalador quiere evitar, se convive con ella todo el tiempo, pero cada uno asume que no le va a pasar nada, es un forma de evadir la realidad para hacerla más tolerable. En el alpinismo la mente es todo. Una mente preparada para asumir una situación de gran exposición es más valiosa que un cuerpo preparado, hay que estar listos para eso, entrenarla y anticiparle el esfuerzo. Nos saludamos con Carlos estrechándonos las manos – Nos vemos, en esta o en la otra vida – le dije. Y comencé a bajar. Estaba listo.  

 Continue bajando, y a unos 25 metros visualice una chapa, solo una chapa, evidentemente era un relevo intermedio oficial super aéreo, enseguida le grite a Carlos que estaba asegurándome, lo cual lo dejó más tranquilo, luego tome parte del tiempo para acordarme de las familias de los aperturistas.  Reforcé ese descuelgue con un friend y un stopper, empieza a bajar Carlos. Por suerte, y gracias a Dios, el peligro reducía. Continuamos asi, rapelando de una sola chapa en 3 descuelgues consecutivos. Mientras tanto el sol se ponía, y ya estábamos cerca del suelo. Llegamos al pie de via de noche, cerca de las 21 hs.

La vida seguía siendo nuestra, estábamos contentos, una sensación de alivio y felicidad conquistaba nuestro estado de animo. La escalada alpina tiene eso, intensidad…

Esa sensación es increíble, estar ahí en ese linea existencial, caminando por el filo del cuchillo, la pregunta es por que uno se expone a tal punto? Esa necesidad de sentir que no tenemos nada bajo control y que en cualquier momento la podemos quedar ahí nomas, como jugando con la suerte, con lo divino…Bajas con otra perspectiva, con otra manera de pensar, la vida se valora de una manera distinta y uno agradece días tras días.

La alpina es muy profunda, una experiencia que compartís con un compañero de cordada, un día en la vida, lo recodaras para siempre. Porque esto es escalada, genera estos vínculos de hermandad, confiando tu vida atándote a una cuerda con el otro, uniendo nuestras vidas, un acto de plena fidelidad. Carlos es un gran compañero de cordada, siempre está en guardia para dar el ataque cuando sea necesario, un tipo motivador. A veces uno se pone un poco exigente a la hora de elegir compañeros, pero con el paso del tiempo, la experiencia, te va enseñando que lo mas valioso es la humildad, un compañero de momentos intentos que siempre ve el lado bueno de las cosas, que aun en las peores circunstancias te sonríe, con la complicidad de una mirada que cuenta la realidad de la situación, de esfuerzo, de alegría, de emoción, de dolor…cuan importante es un amigo al momento de estar muy unidos en las decisiones, en la vida, en ese apretón de mano derecha, en ese abrazo fuerte de alma a alma, como agradeciéndole por mantenerte vivo. Estas son las cosas que genera la escalada.

Contentos por haber bajado, nos quitamos en material técnico y comenzamos a prepararnos para regresar caminando al campamento, que al bajar al valle, su imagen se hace muy vivida en presencia de la naturaleza profunda.

 Y justo cuando creímos que podíamos respirar tranquilamente, que la vida era nuestra, que estábamos seguros, nos dispusimos a cruzar el río de los patos. El río había crecido, nos dimos cuenta apenas nos aproximamos a sus márgenes, en la oscuridad se lo oía torrentoso, más rugiente que por la mañana. Las isletas que habíamos cruzado por la mañana habían desaparecido, por lo que era evidente que el cruce se podía complicar. Por la mañana mi cruce a diferencia del de Alexis, había sido torpe. El había cruzado con decisión, moviéndose rápido y con gracia. Eso le permitió que la correntada no lo venza. También mi mayor exposición al agua hizo que sufriera los efectos del congelamiento en mi cuerpo, había quedado tan gravado en mi cuerpo que el solo oír el correr de las aguas me llenaba de tensión. Decidimos que vaya primero Alexis que había demostrado mayor habilidad por la mañana. Bordeamos la costa para un lado y para el otro sin decidirnos por cual lugar pasar. Por fín nos decidimos, casi aleatoriamente. Nos desnudamos. Alexis entró primero, hizo unos pasos y el agua empezó rápidamente a taparlo, y a llevarlo. Trastabilló, y rápidamente se hizo sobre sus pasos, saliendo del agua. Ya estaba mojado, y eso me preocupaba. Los dos estabamos consternados, queríamos llegar al campamento, y el río no nos dejaba. Le sugerí a Alexis que hagamos fuego y esperemos a la mañana. Pero estaba decidido a cruzar, no  tuve posibilidad de negociarlo, así que deseché la idea. Intentamos un nuevo cruce, pero esta vez asegurándonos con cuerdas por que sabíamos que la corriente nos iba a llevar. Me prepare para ir, baje al rio, intente luchar contra la corriente que me tapaba pero a los pocos pasos de la orilla me venci y deje que el agua me arrastrase mientras braceaba hasta la otra costa. Llegue y enseguida le di seguro a Alexis para su largada. ¡ Alexis, cruza por aca que esta playito!! – le grite- con dañinura traviesa de un niño.  Avanzó por el rio con tanta confianza que al llegar al canal torrentoso lo vi sumergirse por completo y emergió carreteando como un pato por las aguas turbulentas como haciendo honor al prestigioso Rio de Los Patos. He aquí mi venganza, necesitaba verlo sufrir una vez, al recordar que a la ida lo cruzo con gran habilidad. En fin, cruzamos nadando con las mochilas puestas. Cuando por fin completamos el cruce estabamos exháustos, desnudos, totalmente mojados, y congelados por las aguas de deshielo que nos habían apaleado. Nos reímos de nuestros añicos, nos abrazamos temblando, agradecidos.   Y así, mojados, muertos de hambre, congelados, y con los músculos molidos,  regresamos al campamento sin otra preocupación que prender  fuego rápidamente.

La noche al aire libre es un catalizador de pensamientos, el fuego nos calentaba, nos iluminaba,  destapamos un vino dichosos de haber sobrevivido, y luego de comer y conversar, en algún momento,  nos tumbamos boca arriba en el suelo polvoriento, cada uno a su turno, sintiendo la suavidad de la arena, los cariños del viento, la sensualidad del cielo, sin querer saber nada de cosas pasadas o futuras, las palabras pronto se fueron, y quedo cada uno solo, completamente solo con su corazón en paz bebiendo del desierto.   

 Al dia siguiente decidimos partir rumbo al cerro Pachaco, del cual no tuvimos la suerte de poder acceder a sus aproximaciones ya que la ruta, mas bien calle de tierra y piedras en muy mal estado, estaba siendo trabajada por vialidad. Rumbeamos hacia San juan  y Capilla del Monte para continuar vivenciando y hacer unas escaladas deportivas.

  

 



[i] Las aguas del Rio San Juan son las que permiten la formación de uno de los tres Oasis  en los que se concentra la vida de la desertica provincia. Este oasis se forma por canales de riego artificiales y permite el desarrollo del cultivo de vid y otras actividades agrícolas, como asimismo el asentamiento poblaciones estables en la región.

[ii] Los Huarpes, pueblo manso y habituado al trabajo en tanto se dedicaban a la agricultura, fueron sometidos primero por los Incas, luego los colonizadores españoles los sometieron a encomiendas por las cuales se los mandaba a trabajar a Chile en Santiago y La Serena, esto último y el hecho que las corrientes colonizadoras en la región no traían consigo mujeres generó un proceso de Mestizaje. Las encomiendas y la falta de inmunidad a las enfermedades Europeas generó también la muerte y dispersión de la etnía. En San Juan solo quedaron los niños y mujeres huarpes que fueron mestizados por los españoles. Para mediados del siglo XVII no solo la sangre fue mestizada sino que la cultura de la etnía sufre un corte total, con la desaparición de su idioma. Luego se traen a la región otras etnías por la necesidad de mano de obra en San Juan y Mendoza, aumentando la dilusión de la sangre Huarpe haciéndola casi inidentificable.

[iii] Los Huarpes que habitaban San Juan hablaban un dialecto que los diferenciaban de las tribus Huarpes de Mendoza y San Luis, este dialecto era el Huarpe Allentiac.  

[iv] Los antiguos habitantes Huarpes tenían en lo mas alto de la precordillera a su Dios protector y patriarca de la etnía, Hunuc Huar, primer habitante de cuyo, hijo del Dios Sol y la Diosa Montaña, padre del primer Huarpe, protector de la etnía. De la unión del Sol y la Montaña nació Hunuc, el primer habitante de cuyo. Hunuc era dichoso en compañía de los animales, pero sentía la necesidad de ser amado por alguien. Así que finalmente y por consejo de uno de los animales que consultó, el guanaco, decidió hablar con sus padres para que le dieran una hembra. Para esto emprendió una agotadora ascensión al cerro Mercedario, donde su padre el Sol le hablo en susurros por medio del viento Zonda, diciéndole que si quería una hembra debía hablar con su madre, la montaña, cuyo espíritu habitaba en la precordillera; y que para llegar a ella debía ascender el Aconcagua y pedir ayuda al condor milenario para que lo llevara hasta donde estaba. Hunuc hizo lo indicado y fue hasta la precordillera, donde habló con su madre. Esta le dijo que para que nazca la primer mujer el sol debía unirse con la luna en un eclipse total. Así, tras el eclipse, nació Huar la primer mujer. Hunuc y Huar se enamoraron y debido a esto el mundo se llenó de alegría. Pronto Huar quedó embarazada de Hunuc;  esto no fue bien recibido por el Sol quién encolerizado por motivos que desconozco los instó a que elijan entre su vida o la de su hijo. Estos eligieron morir por amor a la vida de su hijo a quien llamaron Huarpe, por lo que tras criarlo y enseñarle a adorar al Sol y a la Montaña, se alejaron y fundieron en un abrazo en una zona desierta esperando que la muerte los atrape, dejándose morir para que viviera su hijo, ocasionando esto la comunión de sus almas. El pequeño Huarpe creció; y la luna y el sol se apiadaron de él enviándole una mujer hija de la luna y venus. De esta forma nació la etnía Huarpe. Luego la montaña al enterarse lo ocurrido, le pidió al Sol que convirtiera el alma metamorfoseada de Hunuc Huar en el diós protector de los Huarpes, lo cual fue concedido. Hunuc Huar convertido Dios protector de sus hijos los Huarpes subió a lo alto de la precordillera, donde habita desde entonces.         

[v] San Juan es un desierto de relieve muy accidentado en la región precordillerana de Tulum (valle oriental de la precordillera)  y Calingasta (valle occidental), prácticamente carece de cursos de agua abiertos, los cursos que tiene se nutren de Rios de deshielo, en el caso del río San Juan se forma a partir de la confluencia del Rio de los Patos y Rio Castaño,  en las Proximidades de Calingasta. El Rio San Juan nace de la confluencia de estos dos ríos cerca de Calingasta y continua hasta la localidad de Pachaco a unos cincuenta kilómetros de Calingasta, para luego abrirse por la ruta 12 hoy cerrada, abandonando la ruta transitable, continuando al este hasta el embalse El Carrizal, próximo a San Juan que recoge sus aguas para nutrir el Oasis.  

[vi] Las vías de escalada son rutas que trazan idealmente en la roca los aperturistas, marcando un itinerario a seguir, consignándolas en mapas o topos. En este camino se indican sus particularidades como su grada de dificultad, el tipo de vía (si es alpina o deportiva), y los elementos recomendados para escalarla. Una vía alpina requiere para escalarla de dispositivos especiales de protección por que en la roca no hay nada más que la línea imaginaria trazada por el aperturista. Cuenta con descuelgues naturales y eventualmente artificiales. En las vías deportivas el itinerario se encuentra protegido en su totalidad por chapas regularmente adheridas a la pared, y posee descuelgues bien equipados que permiten una escalada y descenso seguro. Para identificar una vía es necesario saber leer la roca, buscar las similitudes entre los mapas y la pared. Es una tarea que requiere de practica y en ocasiones es difícil por la simplicidad y configuración bocetada de los topos. 

[vii] Por lo general se escala en cordadas de dos o tres personas unidas por ese lazo vital que es la cuerda. La acción transcurre en forma alternada, hay dos roles que se cumplen uno es el de Asegurador, y el otro de escalador. Cuando uno de los integrantes de la cordada escala, el otro lo asegura realizando maniobras de aseguramiento en caso de una eventual caída para evitar que se lesione. A su vez el rol de escalador puede realizarse de primero o de segundo. Cuando un escalador va de primero, a medida que escala va montando el sistema de seguridad, colocando los dispositivos en la pared, esta situación genera que entre tramo y tramo que el escalador monta el mecanismo queda una cantidad de cuerda liberada que hace que la caída sea abrupta y de varios metros, agregando un componente psicológico de tensión a miedo en la escalada. En cambio cuando el escalador va de segundo esta caída abrupta por lo general no existe. 

[viii] Tengo la convicción que la verdad es simple, y que es el miedo a sufrir, a fallar, a ser rechazados, a equivocarnos, a hacer el ridículo el que nos hace creer que algo es difícil, complicado, o imposible. Lo que queremos y la riqueza que tenemos son evidentes, pero no los vemos porque no creemos en nosotros, la falta de coraje nos ciega y nos impide ver lo fácil que es todo.

[ix] Al día siguiente sabríamos que se trataba de excremento de condor, y que se trataba del quinto largo de la vía de graduación 6 a +. Los descuelgues son puntos en las vías de escalada, generalmente al final, que permiten bajar artificialmente utilizando la cuerda. Los descuelgues pueden ser naturales por ejemplo una piedra o un árbol alrededor del cual se monta el rapel utilizando cinta o cordín; también pueden ser artificiales, estos generalmente están equipados con dos anclajes consistentes en dos chapas con argollas adheridos a la pared y unidos entre si con una cadena. El descenso artificial utilizando la cuerda, se realiza mediante la técnica de rappel, maniobra muy riesgosa en tanto se carga el sistema de seguridad en uno o dos puntos que sostienen al escalador permanentemente durante el descenso. Si el sistema cargado falla el escalador cae. A esto se suma que en escaladas de multilargos, se realizan sucesivas maniobras de rappel al final del día, y con severo cansancio. Pero esto no es todo, pues muy frecuentemente los rappeles se traban obligando al escalador a realizar maniobras riesgosas para destrabarlo.   

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