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Letras

Letras (13)

Miércoles, 30 Octubre 2013 03:14

For You

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I can wait a lifetime and even more ...

 because I know, I will find you out there someday

to sail together the deep blue ocean,

We will have the power of wind, that they say ...

usually run free by the distant sea.

 

I expect this life and other lives to find you,

To be soft as the morning wind,

to be plain placid river or mountaineer torrential flow,

Behind you, I will see mountains, valleys, peaks and

the pristine beauty of  ice rivers and crystal waterfalls.

 

Time does not exist now, nor the distance ...

there is only love, because of you and you know about me.

Today I learn to be happy so ..., listening to you

and being happy when you're happy.

 

And when the cold wind of winter mornings

bring me memories of graceful mountains,

or the warm evening of nostalgia filled my eyes,

I dare to write some beautiful words for you.


 Puedo esperar toda una vida y más aún...

porque se que he de hallarte allá afuera algún día,

para navegar juntos la inmensidad azul del océano,

Tendremos la energía del viento, ese que dicen...,

suele correr libre por el lejano mar.

 

Podré esperar ésta y otra vidas para encontrarte,

Para ser suaves como el viento de la mañana,

plácido río de llanura o torrentoso y montañero caudal,

Detras de ti veré montañas, valles, picos nevados y

la pristina belleza de ríos de hielo y cascadas de cristal.

 

El tiempo no existe ahora, tampoco la distancia...

solo existe el amor, porque se de tí y tu sabes de mi.

Hoy aprenderé a ser feliz asi..., escuchando de ti

y siendo feliz cuando tu seas feliz.

 

Y cuando el viento helado de las mañanas de invierno

me traigan recuerdos de esbeltas montañas,

o el cálido atardecer llene mis ojos de nostalgias,

me atreveré a escribir unas bellas palabras para ti.

 

 

Jueves, 29 Agosto 2013 11:36

Viviendo Montañas

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Amanece, un hilo de luz se filtra entre las hojas de los árboles y te da en la cara, un fuego de leña calienta una pava negra con agua de río, te sentás en los pastos con el mate entre las manos, el río te susurra palabras al oído, son tantas y tan buenas para el corazón. El perfume de la costa se mezcla con el aroma de la leña de sauce quemada, de la radio se oye una acordeón que va rezongando los primeros acordes de un chamamé.

   Sentís el viento que te azota el rostro, un viento de tempestad, con las primeras hojas que se van yendo con él, vos también volás con el pensamiento en aquellas nubes tan altas que bien podrían ser montañas, sentís el aire cargado de una energía natural incontenible, te maravilla poder sentir eso. 

   Caminas, caminas y caminas, buscando senderos que nunca existieron, trazados en unos infames océanos de rocas apiladas, las botas te desollan los pies durante el día y una sed incontenible te aqueja, varias veces te preguntaste quien te mandó estar ahí, el sol te calcina y estás tan lejos de todo y de todos, tan cerca de la nada que tranquilamente podes estar loco, sin embargo de vez en cuando seguís volviendo, nadie sabe muy bien porqué, ni a donde, ni vos mismo lo sabes, a veces crees saberlo pero se te va olvidando muy fácilmente.

   De repente estas de pie en medio de un desierto helado, hoy luce calmo, el sol se refleja en las pequeñas ondulaciones talladas por el viento, que hasta hace muy poco dominó este lugar. Todo es blanco y plano hasta donde da la vista, lejanas montañas quiebran la monotonía surgiendo de ese océano, ellas parecen inaccesibles, se ven totalmente sumergidas en nieve y glaciares que cuelgan de sus laderas, no sentís admiración, ni asombro, solo te intriga el misterio de esa inhóspita belleza. El más absoluto silencio te rodea, invadís con tus pisadas un mundo etéreo, solo el ahogado sonido de tus pies hundiéndose en la nieve, solo la agitada respiración en medio de una planicie blanca que se pierde en el horizonte. De a ratos hay algo de calma y podes ver más allá de tus pies, aprovechas para buscar esas heridas en el glaciar que a veces son enormes, un amigo te acompaña, también pendiendo de un mismo hilo, compartiendo esta misma vida, el viento arremolina la nieve y te aplasta contra el piso de a ratos, a veces te toca nadar en la nieve que te llega hasta la cintura, abrir huella, de repente presentís un inquietante vacío en los pies, te das vuelta para hallar calma en los ojos de un amigo que aunque no podes ver sabes que está ahí, manteniendo tensa una cuerda que se desvanece en un mundo blanco de locura. 

    Sentís las manos heladas, mientras en puntas de pies estás delicadamente parado en un silencio solo herido por el viento que de vez en cuando se atreve a silbar por allá arriba, es de noche, estás aferrado con muchas ganas a una mezcla de nieve, hielo y piedra. De vez en cuando unas frías astillas de cristal se te meten entre la ropa y la piel, esperas mucho tiempo, el suficiente para pensar tantas cosas que de a ratos el frío y la incertidumbre te agobian, pero sentís una felicidad muy grande, porque estás donde te gusta estar, ahí perdido en la inmensidad de la cordillera, con unos trozos de nylon y unos metales que se han enamorado de una fisura, pero eso no importa demasiado, porque más arriba, y en algún lugar de este mundo alguien que ya es una parte de tu vida esta por ahí buscando un camino para llegar más alto. Ambos unidos por nada más que unos hilos que ahora te vuelven a parecer tan insignificantes como aquella vez, comparados con los millones de años de las rocas, pero también te unen otros vínculos milenarios y mucho más fuertes, son la confianza, la amistad, la voluntad, el amor, aquel compañero que ilumina de a ratos las rocas con su linterna es una parte de vos mismo que anda por ahí, muchas veces no te hizo falta decir nada, solo con la mirada se comunicaron cosas, miedos, incertidumbre, dudas y alegría, están juntos en la montaña pero cada uno en la más absoluta soledad. Mas tarde llegás y lo ves ahí parado, riéndose, detrás de él ves lagos, cumbres, rocas y glaciares, esperándote con algo que es seguramente emoción, ahora él es mucho más que aquel compañero con el que planificabas salidas, tal vez ya sea un amigo, ó mucho más que eso, algo distinto, no sé, así son las montañas.

   Hoy llegaste a imaginar esa sensación de tibieza, cuando estás helado en las sombras y de pronto te da el sol y sentís una felicidad muy grande, de estar donde estás, apreciando ese silencio inundado de soledad y tanta belleza. Hoy recordaste las montañas, pudiste sentir ese sol que baña el granito de dorados apenas amanece, viste el cielo azul recortado arriba tuyo por un diedro, sentiste ese frío seco que entra por los pulmones y te hace sonreir de alegría. Sentiste esa misma sensación de estar donde uno ama tanto, con la mente en blanco, en otro mundo, un mundo de sensaciones tan humanas, un mundo de cosas simples, un mundo de instinto, un mundo de sentimientos, de belleza, de pasión, trepando no sé a donde, pero viviendo a pleno corazón y te dio mucho gusto eso, porque por unos instantes fue realidad.

Jueves, 29 Agosto 2013 17:17

Espíritu de Montaña

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Espíritu de Montaña es un espacio nacido desde la pasión, desde este andar por las montañas y del descubrir que no se trata solo de subir montañas. Sino de percibir, sentir y compartir. Lo importante son las personas, no las montañas. Lo importante es lo que vivimos, lo que sentimos y lo que traemos para enriquecer nuestra vida. Querer subir montañas ó escalar una vía hermosa son actividades que no tiene mucho sentido por sí solas, lo que da el sentido a esa cumbre ó a esa vía de roca y hielo es lo que ese proceso nos regala cuando volvemos. Recién ahi y si prestamos mucha atención, entenderemos de que se trata verdaderamente todo esto, muy lentamente y en un proceso que demanda años comenzaremos a percibir esas sutilezas.

Entonces... el objetivo no es la cumbre, el objetivo es volver de la cumbre. La cumbre es solo el principio de todo, el fin esta abajo, en el pie de via.  

       Espíritu de montaña es un lugar de encuentro, un humilde refugio del alma, un rincón sin techo pero sincero, como el de la foto, un refugio al fin, donde charlar, donde compartir letras y percepciones, donde reirnos seguramente y matear un rato, contándonos historias, sueños, recuerdos, sintiendo el aspero frio en los pulmones, anhelando en silencio presencias y soñando con montañas. Solo eso.

 

   Lo apasionante del montañismo no es solamente el hecho de escalar ó subir montañas, sino fundamentalmente las intensas experiencias y profundas vivencias que adquirimos y que compartimos, con amigos, con compañeros ó con esa persona que no era ni amigo ni compañero, pero esta hoy unido a tu vida con una cuerda en una demencia de roca y hielo, sobreviviendo junto a vos. Y cuando ese vínculo físico y real ya no esté más, permanecerá una cuerda que no veremos pero estará uniendo vidas, silencios, vinculando tiempo y espacio, entrelazando sueños y recuerdos por siempre. Por siempre.

   Estos amigos de la foto, el Toto y el Cordobés...nunca supe como son sus verdaderos nombres, solo se sus apodos, solo compartí esa salida, compartimos ese momento en la foto, y varios días de montañas e incertidumbre, no los ví mas. Sin embargo esos pocos minutos bastaron para crear lazos que trascienden el tiempo. Si mañana los encuentro será como aquella vez cuando nos despedimos, abrazos de por medio, sabiendo que hablamos un mismo lenguaje universal.

    Los montañistas organizan sus propias salidas, asumen sus propios desafíos, confrontan sus miedos y debilidades, planificando objetivos y vivenciando esa pesada incertidumbre que solo ocurre en las noches, tal vez muchos meses antes de salir. Y lo más lindo, descubren los luminosos "sin límites" de los amaneceres, donde todo es posible, hasta lo inimaginado.

     No debemos perder nunca de vista que el objetivo es ser montañistas, y los montañistas no solo sueñan, sino que estudian, se entrenan y se capacitan. Los montañistas conocen sus límites y saben perfectamente que la montaña es salvaje. Y es en la montaña justamente donde la vida no es posible, donde todo muere y uno sobrevive pese a todo, porque sabe, por eso el cuidado, el conocimiento, la suerte y el sentido común estarán siempre presentes.

      Animate a soñar, animate a salir, animate a planificar, pero planifica vos, no dejes que otro lo haga por vos, animate a fracasar una y otra vez, pero salí vos, entendé vos, descubrí vos , aprendé vos, pero volvé, siempre volvé. Animate a ser un montañista, aunque parezca lejano; animate a mirar atrás de aquel filo, se explorador de aquella quebrada que por alguna razón te intriga, metete, descubrí, trepate al árbol, busca glaciares que ya no existen, conocé rincones olvidados y percibí las  heridas del hielo en la roca, imaginá glaciares cubriendolo todo, sentite pionero, abrazá esa clara sensación de ser uno con todo lo que te rodea. Unite a otros y otras, salgan, organicen, agiten.

No digas no puedo... nunca. 

 

Jueves, 29 Agosto 2013 11:30

Escalada patagónica

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Como el viento ha pasado nuestra escalada patagónica. Ahora solo quedan los fierros conformando una masa, una madeja de instrumentos, donde acero y plástico yacen abandonados, casi sin vida. Herramientas cuyo corazón se ha detenido hasta la próxima escalada, ó hasta que nostálgicos tomemos una piqueta y la agitemos en el aire, creyendo sentir aún esas frías gotas de cristal en la piel, o un friend imáginandonos tener otra vez esa fría fisura donde colocarlo, mientras allá abajo, y casi flotando sobre un glaciar está nuestro amigo esperando con ansiedad el final del largo.

   Esa es nuestra pasión, casi un instinto ancestral, ese amor por escalar, esas ganas de trepar, resolviendo todas las situaciones que nos plantea la montaña, a veces pasando hambre, miedo e incertidumbre. Descubriendo a cada paso, siendo exploradores y conquistadores de cada pedazo de granito, de cada huequito de la roca y de cada centímetro de hielo. Sintiendo correr el tiempo por nuestras venas, con el lento fluir de los glaciares. Extrañando amigos, momentos, novias y esposas.

   Ese es nuestro juego, el de los montañeses, románticos aventureros de paisajes increíblemente hermosos y duros. De bellas montañas y esbeltas agujas, con las que tal vez solo se podrá soñar, imaginándonos en sus cumbres llenas de misterio y leyenda.

   Ahora los pesados bártulos descansan ahí, dormidos, alegres de haber vivido intensamente lo más lindo de su existencia junto al andinista, el amor por una montaña, por un pedazo de piedra helada. Una loca pasión de hielo y roca que nos lleva a algunas cumbres junto a los más grandes amigos que tendremos, y a los que llegamos a querer demasiado, mucho más que a ese pedazo de roca y hielo, frío e inmensidad.

Domingo, 25 Agosto 2013 22:52

La cordada

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Lunes, 26 Agosto 2013 23:57

Patagonia

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Cada metro escalado del granito patagónico, cada huella abandonada en sus glaciares,
fué posible gracias a aquellos que un día nos fueron mostrando que era esto de trepar,
esto de darle para arriba, esto de meter clavos, esto de escalar por nieve, hielo, roca y yuyos, 
atándose a la cintura de unos pibes, para que vayan adivinando que significaba eso de ser "una cordada".

Gracias a tanto esfuerzo realizado, a esa transmisión de experiencias,
pudimos llegar a algunas cumbres patagónicas como unos pioneros.

Nada de esto hubiera sido posible sin aquellos que nos mostraron las montañas.

Miércoles, 26 Junio 2013 11:39

Recuerdos

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A veces el viento de mañana me trae recuerdos de montaña...

 

A veces el aire frío y seco del invierno me recuerda los momentos vividos...

 

....los amigos que la montaña me ha dado.

 

Miércoles, 21 Agosto 2013 11:33

El Oro del Huascarán

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 Esta es la historia de Julio, un guía de montaña peruano que conocimos en el Chopicalqui y que reencontramos hoy en una placita de Huaraz. Trabaja de guía de montaña desde hace 25 años.   Estoy escribiendo esto con el relato aún fresco en mis oídos porque me pareció una historia tan ingenua y tierna como increíble.. y no quería que el tiempo me borre algunos detalles. Estoy tratando de conservar hasta su forma de hablar lo mejor posible.

Trepamos, escalamos duro y nos falta algo, hay cosas que no llegan ya a nuestro espíritu, estamos viejos mañeros ya, pero somos jóvenes. Buscamos misterio, exploración, lejanía, soledad, incertidumbre.

Unas horas a pie, una chotata que armamos en aquel col, rememorando costumbres ancestrales, y que ahora nos parece tan cercanas, un desfiladero por el que inevitablemente hay que mojarse hasta los tobillos. Pasamos a otro mundo, otro ambiente, aquí las cosas son distintas, valen más, hasta la amistad es otra, los recuerdos son otros, es este mundo de montañas salvajes y olvidadas que se te meten por las venas y embriagan el corazón.

Mientras espero a mis compañeros secandome los pies, recuerdo amigos, momentos vivídos aquí mismo hace unos años, con el Chango, con mi hermano ó con el Viejo aquel que me contara historias locas cuando nos metimos en esa primer ruta que jugábamos a abrir. Cuando rapelamos de noche, con niebla y sin linterna, mamando experiencia. De repente caigo en la cuenta, aquí nací para estas cosas, de esto me enamoré. De esos yuyos en los que hay que confiar para pasar un paso delicado, de esas fiduras sucias y de la piedra que hay que aprender a sentir golpeándola un poco para ver si es buena. Me enamoré de esto de jugar a abrir caminos, de descubrir con el alma, de buscar cosas que no existen y encontrar amistades para toda la vida.

Ahora vuelvo después de algunos años a este lugar y me abruman los recuerdos.

Ese primer clavo que pusimos aún esta, y es hermoso volver a encotrarse con él, ahí comienza un camino hacia arriba, es como una chotata en la pared, divide mundos, marca un cambio, simple como andar caminando senderos pero distinto, porque hay que hacerlo paso a paso, hay que entenderse con las malezas primero, y eso es hermoso.

Mi compañero le va entrando y me siento feliz de que el también descubra estas cosas, me mira asombrado detrás de una mata de yuyos fisureros, me muero de risa, seguramente piensa que estoy loco.

Llegamos al techo, recuerdo muy vívidamente al Chango en la reunión del pichote con su casco azul y lo extraño mucho, él ahora esta un poco lejos.

Esta es la parte más delicada, el Viejo la había  abierto, sique siendo muy díficil para sacarla en libre, dos clavos buenos protegen un inevitable péndulo aéreo, un par de seguros más que no se entienden con la roca y zafan. ¡A la bosta todo! Un instante y estoy colgando de los clavos, lo veo al Juan salido de la reunión que me mira con un dejo de inquietud.

Resolvemos rápido el tema y a seguir, encuentro otro ángulo y ahora sí, ya estoy en la próxima reunión.

Entre tabaquillos encontramos otro largo interesante de setas de roca y pronto llegamos a la cumbre del mogote. Aquí se sienten otras cosas, se siente la amistad, la montaña y el esfuerzo.

Ya divisamos nuevos objetivos mientras cae la tarde, un último rapel en la noche y aterrizamos en una jungla de helechos y oscuridad, un arroyo, una cascada, el abrazo con un gran amigo, arriba nuestro la Vía láctea, vemos la cruz del sur y el último metro de cuerda que ya cae entre las hojas.

 

Aterrizaje en la jungla . 7a, A1, 250mts, R. Casas, G.Muratti,  C. Y F. Kvarta, J.P. Mosconi.

 

 

 

 

 

Lunes, 03 Junio 2013 14:26

Tengo amigos

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Elijo a mis amigos no por la piel u otro arquetipo cualquiera, pero por sus pupilas.
Tienen que tener un brillo cuestionador y tonalidad inquietante. No me interesan los buenos de espíritu ni los malos de hábitos.