Julián Martinez Infante me cuenta que el grupo de ellos (Andrés, Julian, Martita M. Infante, Federico, Ricardo y Marcelo Mucci, Mario Holberg y Damián Lavarello) quería por 1982 formar un grupo de montaña en Rosario. Hablaron con el padre de Mariano Motta, el legendario Aldo (alguna vez habría que lograr que escriba sus experiencias), que les dijo que Glauco Muratti tenía las llaves del local del CRAC en la Estación de Colectivos. En el interín Willy y Adrián se acoplaron (sobre todo Willy se llevaba muy bien con Piquito).
El local de la estación lo heredamos del Centro Rosarino de Actividades de Montaña, CRAC, que había tenido bastante actividad por algunos años en la década del setenta. Entre 1979 y 1983 yo iba todas las semanas y abría el lugar, muchas veces estaba solo. A través mío paso al GRAM. Por algún tiempo se compartió con los Radioaficionados, que después desaparecieron. No pagábamos luz (????), ni nada. Tampoco pedíamos nada.
Estaba en el ángulo sureste de la estación, a la izquierda del Banco Municipal. Lo perdimos cuando la estación de colectivos fue privatizada, 1993 o 1994, pero ya habíamos dejado de ir: el sitio social era la Palestra (ver "Los hijos del Dr. Frankenstein ").
Con el CRAC el local se abría los Miércoles. Con el GRAM se abría los Sábados, alguna vez los Viernes y al final los Domingos. Siempre después de las 20 o 21 horas, terminando generalmente a las 23 horas. Los últimos años (1989 a 1992) nadie quería tener la llave para abrir el local. Por eso, cuando caía uno nuevo, enseguida le dábamos las llaves. Gervasio Fierro siempre cuenta el orgullo que sintió cuando Piotto (con mala intención) le encomendó la llave.
Era muy normal que justo el día en que se iban a pasar fotos y caían 20 personas, el que tenía la llave no apareciera.
Muchas veces nos íbamos a la pizzería de Santa Fe y Cafferata. Ahí, cuando uno calculaba que la reunión iba decayendo, había que levantarse rápido e irse para no quedar último en la mesa. La cosa era así: varios nunca pagaban la cuenta y se la dejaban a otros que terminaron por cansarse y hacían lo mismo. Así que no había otro remedio que dejar "enganchado" a algún pobre diablo, porque por lo menos yo, estaba repodrido de pagarle la pizza a los otros.
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| En el local de la Estación, de derecha a izquierda: Arrascaeta de blanco, Piotto con sus bigotitos, el Perro con su objeto de culto, Pita señalado por mi dedo, al lado el Chuchi, arriba su actual mujer, resignada a estos rituales. Marcelo Gomez de barba y lentes, arriba un muchacho que no me acuerdo como se llamaba, Eduardo Sproviero con la damajuana y arriba Piquito. De Adidas yo. Entre el Perro y la mujer del Chuchi asoma atrás un póster que tenían una leyenda así: " Esta montaña le dice algo?" Y cada boludo que pasaba contestaba la pregunta por escrito, arruinando la hermosa foto. Arriba se puede ver el rectángulo de la pantalla de diapositvas que fabrico Willy, y atrás la baranda de la escalera de ingreso. Bien a la derecha, sobre Arrasqueit, esa extraña construcción que servía para hacer kilombo cuando se pasaban fotos. |
En el local había una puerta de hierro para entrar, con un gran candado. Se ingresaba a un pequeño hall donde estaba la segunda puerta con vidrios. Ahí se iniciaban las actividades: alguno orinaba, otro hacía "barra" en el estrecho marco de la puerta, etc. Eso en general era un chiquero, sucio y polvoriento.
Después se subía una escalera en redondo y estábamos en nuestro reducto. Una vieja baranda de metal, una gran mesa, dos aparadores y bancos largos de madera. (había poco lugar para sentarse). Algunos libros y revistas viejas que se fueron afanando con los años, pisos de mosaico granítico. Sobre el costado que daba a la calle una gran construcción de material, como un banco alto. Ese lugar era muy apreciado para los actos de vandalismo durante las proyecciones de diapositivas, pero había que tener cuidado no lastimarse con el extractor de aire (que hacía un ruido infernal). Daba a una ventanita oval con un vidrio que giraba sobre su eje. Al final, algunos de esos vidrios estaban rotos y nadie los arreglo.
Al fondo estaban los restos de los radioaficionados, en una especie de división de madera, mucho mas sucia que el resto del lugar, llena de basura.
Teníamos el oído acostumbrado, y sabíamos cuando alguien estaba ingresando a la parte de abajo del local. Se creaba una aire de expectativa hasta que aparecía la cabeza en el boquete de la escalera. Cuando estábamos muy aburridos nos dedicábamos a jugar con la papelería que había dejado el CRAC, que había sido un club muy organizado. Todos tenían carnets, había libros de actas, papeles membretados, sobres. Tenían una subcomisión de fiestas y otra de... disciplina que tenía como 10 integrantes !!!!!
Era gracioso: cuando caía un nuevo, como obsequio, le dábamos los anuarios de montaña del CRAC. Esta vez éramos nosotros los que aprovechábamos lo que había dejado un grupo cultural anterior, sin agregar nada, destruyendo poco a poco los vestigios pasados...
Los libros de actas servían para apoyar el proyector de diapositivas.
Willy. Willy Schwert fue el que mas aporto a este lugar: fue la única vez que se pintó. El construyo un interesante sistema de pantalla para diapositivas, que se bajaba y subía, y que siempre queríamos destruir (era demasiado atractivo).
Willy ( Guillermo ) era un personaje muy valioso, pero a veces, muchas veces, daban ganas de reventarlo. Cuando aparecía Piquito, a 2 cuadras ya se estaban peleando. El único capaz de bancarlo sin problemas no podía ser otro que Adrián Petrocelli. Adrián podrá contar la anécdota del "pan de supervivencia" que le obligaba a comer en la montaña.
Willy era medio denso. Pero era muy buena persona. Y además, insisto, muy valioso para el GRAM. Nosotros descomprimíamos la presión jodiendolo bastante y el se la rebancaba.
(Hoy sigue pasando lo mismo, se jode a alguno que tolera bien las jodas y entonces: Los jodedores y el jodido demuestran asi su cariño reciproco...)
Willy organizando una rifa, haciendo el audiovisual, detrás de los escuditos y banderines, organizando una fondiu (no se como se escribe). Siempre Willy.
Willy se fue para Bariloche, como otros en el GRAM. Siempre sufrimos esta maldita sangría.
Cada tanto barríamos el local (creo que barría yo), sobre todo antes de los cursos. Se levantaba una enorme nube de polvo. Alguna vez baldeamos el lugar, no se de donde sacamos el agua, pero el chiquero fue total.
Había varios adornos, un hermoso cuadro de unos tipos haciendo una tirolesa en una increíble roca de Yosemite, una foto retrucha de un tipo escalando en hielo con una banderita que caía desde su espalda, otra de unos tipos escalando la ruta "Enciclopédica" en el Cerro de la Cruz, Los Gigantes, otra mas de la Patagonia. Una vieja piqueta. Con el tiempo se escribieron cosas en las paredes. Uno de esos graffitis, residuo de la época de los "ídolos de barro", decía: "No sea camandulero / a". Debajo del vidrio de la gran mesa central había toda clase de fotos y papeles. Recuerdo especialmente una que había traído Pita, de un africano con unos testículos tan grandes como el resto de su cuerpo. También fotos malintencionadas y otras cosas.
Lo que amábamos era la caña Legui.Con el tiempo también la Grapa con miel Valle Viejo, que era mas barata. Ya desde la primera reunión del GRAM, un olvidado día del invierno de 1983, nos acompaño la Legui. A veces, al caballo del dibujito, le agregábamos "petroglifos" con atributos masculinos exagerados. Era un arte exiguo.
En esa época, por donde pasábamos nosotros, quedaban los famosos petroglifos: piedras, paredes de un dormitorio, los papeles que algún inadvertido, o incluso los arneses. Era la "obsesión del petroglifo".
Recuerdo bien que en la primera excursión al Cordón del Plata, en el campamento de El Salto, yo había pasado toda la tarde trabajando en los petroglifos. Cuando ya estaban inscriptos por todos lados, cayeron unas chicas de San Juan, que no podían creer lo que veían.
En el local planeábamos las salidas a la montaña, pasábamos fotos y dábamos las clases teóricas de los cursos. Cada tanto caía una persona nueva, pero me parece que la imagen era un poco lamentable, aunque como siempre digo, lograba el efecto de alejar a los boludos. ( el famoso "Frente para eliminar a los tontos" de Pappo).
En el local no había música.
La gran ocasión eran las proyecciones de diapositivas. Contravenía toda lógica y coherencia. Era una burla y un absurdo total. Creo que nadie apreciaba nada. Empezaban las fotos y nos poníamos como locos. Cuanta mas gente extraña, mejor. Si alguien esta pensando un diagnóstico, debe estar acertando en todo...
Una vez vino un cura, el padre Kusniak o algo asi. El tipo tenía un ayudante que comandaba el proyector. En cada foto chasqueaba los dedos y decía al operador " dale tigre". Si la foto era de un paisaje lindo decía " No somos dignos" (estas frases las seguimos usando todavía hoy). Intentamos portarnos como caballeros - yo estaba emocionado: era el primer cura con el que trataba en mi vida - pero igual el tipo se fue ofendido y no volvió mas.
Esas proyecciones solían terminar también en batallas campales.