Las paredes del túnel: por Glauco Muratti

Había una vez un lugar, a la orilla de un gran río, donde creció una ciudad extraña, plagada de galpones y depósitos, perforada por túneles, enhebrada por vías férreas, adornada con grandes casonas, apellidos y fortunas.

Los tiempos cambiaron y las cosas perdieron su razón de ser.

La historia no era nueva, ya había sucedido en la Puna de Atacama con los pueblos del salitre, o en la gloriosa Potosí, cuando los metales se terminaron.

Este pequeño acto se desarrolló en aquel vasto escenario de magníficos megalitos de una época que ya no es: Sobre la costa, en el antiguo puerto, un desnivel inclinado a unos 70 grados, recubierto de ladrillos superpuestos que dejaban lugar justo para agarrarlos o poner el pie. Alguien "descubrió" el lugar, tal vez Willy.

La primera vez que subimos la pared inclinada (donde hoy damos cursos), usamos estribos !

La pared todavía no tenía los clavos con argollas que se colocaron después, en 1986, para facilitar el primer curso de andinismo que dio el GRAM. Estaban dispuestos en diagonal para aprovechar mejor la escasa altura.

El sitio se convirtió en lugar de reunión y como en aquella época no pasaban autos, estábamos muy tranquilos. En la calle jugábamos al fútbol o hacíamos unas hamburguesas asadas.

Nosotros hablábamos de "Túnel", porque en una época había un lugar bailable dentro del mismo túnel.

No existía el Parque España, el país vivía con inflación-indexacion. PC todavía era un término peligroso. Nadie había oído nombrar a Telecom, Internet, CD o DVD. Las pilas del walkman duraban 2 horas. Celular era algo relacionado a las células. El Remise era una cosa pasada de moda.

La TV por cable era un extraño experimento que recién comenzaba. Uno podía ir al cine Palace, Capitol, Monumental, Gran Rex, El Cairo, Heraldo. Solo se podía comer adentro del cine San Martín. El Pochoclo se llamaba pororo.

Los supermercados eran apenas un embrión. Hacer las compras para ir a la montaña era una pequeña aventura.

El almacenero, la granjita, el kiosko o la "calle San Luis", eran instituciones, lo mismo que los clubes. Los autos usados eran a veces mas caros que los nuevos.

Mountain bike? Trekking? Turismo Aventura? Nada de eso se había inventado. El pile era la fibra de moda.

En un principio solo se usaba la pared inclinada, incluso el dulfer que esta al extremo derecho ( era para los mas diestros).

Con el tiempo fuimos explorando el tramo de pared vertical que esta a la izquierda de la boca del túnel de calle Sarmiento. De izquierda a derecha: Primero estaba la "normal", con sus variantes, donde una vez el Mendocino Alejandro Randis dijo que había "un sexto grado". Luego una ruta al medio del tramo de pared, un poco mas difícil. Luego una vía que costaba mucho y por fin al extremo, sobre el espolón de la boca del túnel una ruta que Gabriel Piotto pasó semanas haciendo, que era mucho mas linda y entretenida.

Mas adelante nos extendimos sobre las dos paredes que están a la derecha de la boca del túnel de la misma avenida (donde hoy pasa la mayor parte del tránsito).

La apertura de las calles modifico un poco las paredes: al pie de la inclinada se construyó un plano inclinado de pasto que molesta para mantenerse en pie y que encima restó 30 a 50 cm. de pared. En cambio la pared vertical mas próxima al actual Parque España, ganó mas de un metro porque fue excavada para trazar la vereda y se le retiró un peligroso cable eléctrico que no dejaba terminar las escaladas.

Las escaleras que bajan a calle Sarmiento cambiaron varias veces de forma, material y lugar. Alguna vez las usamos para practicar escalada artificial.

Técnica. Todavía no sabíamos del "top rope" pero sin querer y usábamos forzadamente ese tipo de técnica. No había aparecido la escalada deportiva, o el magnesio. Algunos usaban los viejos botines "sacachispas" con los tapones de goma recortados al ras. Las primeras pedulas las hacían los Tarditti en Córdoba, pero nosotros las resistíamos: habíamos descubierto que cambiando las topper de tenis por zapatillas para correr (tipo Adidas New York), podíamos pasar los "quinto" grados. Había quien se negaba a calzarse las pedulas diciendo que " el paso no lo pasaba él sino las zapatillas".

Nadie quería caerse. El rito palestrero de la caída no existía.

La mentalidad en el uso de las paredes era totalmente montañera, solo era una practica para mejorar las cosas en la montaña a la que siempre se añoraba.

Se fueron colocando algunos seguros en las paredes verticales, que todavía hoy son usados, a pesar de que eran deficientes.

Por esos años no había absolutamente nadie en la zona que escalara o subiera montañas fuera del GRAM. Nadie mas usaba la palestra y cada tanto la policía caía para saber que estábamos haciendo. Durante los saqueos del invierno del 89 encerraron en unos galpones que hoy ya no están a los detenidos y fue un problema usar las paredes.

La Municipalidad jamas nos molesto.

El GRAM siguió usando estas paredes todavía incluso mucho tiempo después de disponer de la palestra del club Mitre. Pero cuando a comienzo de los 90 se abrió el tránsito, el sitio se hizo peligroso y paulatinamente el lugar fue menos frecuentado de día. Todavía no había nadie mas fuera de nosotros que usara las paredes.

Con los años otros grupos fueron superponiéndose en el mismo espacio. Probablemente la gran exposición publica fuera lo que separó las aguas, justamente aquello que a nosotros nos molestaba ( haber perdido la intimidad ) era el estímulo de otros. De alguna manera la verticalidad de las paredes fue escenario para la histeria, porque en la montaña no hay espectadores.

Dejamos muchas huellas en estas paredes, agujeros, clavos, marcas, referencias, decenas de trazados "significados". Estas huellas están todavía visibles y marcan el carácter del GRAM.

Y en realidad, después de nuestro paso, poco se ha agregado: el palimpsesto tiene todavía una sola capa o mejor dicho, los usuarios posteriores se caracterizaron por dejar todo como estaba y aprovechar lo que había....

Pero ese análisis es todavía estrecho: en realidad, a través de la pared, penetraron al GRAM los enormes cambios que afectaron al mundo en esos años. La pared (entre otras cosas) fue la puerta de entrada a la nueva ideología del consumo y la despersonalizacion.