ACONCAGUA

por Fernando Arranz
fernando@arranz.com.ar



      Siendo el 13 de Enero del 2.001, después de muchos meses de planificación y espera nos encontramos con Sproviero y Baigual en la ciudad de Mendoza, tramitando el permiso de ascención, esa ola que veía de lejos que se iba acercando estaba a punto de envolvernos, la teníamos encima, atrás quedaba la planificación teórica, había llegado el momento de la acción.
A la tarde despedimos a la esposa e hijo de Eduardo que partían hacia Rosario, después de entretenernos por horas viéndolo a Sproviero imitando al gallo Claudio, nos trasladamos a Uspallata, donde dormimos al costado del camino. Nuestro plan era entrar por Punta de Vacas hasta el campamento base Plaza Argentina (50 km en tres días) y de ahí intertar la ruta de Polacos por Piedra Bandera.


      El día 14 después de negociaciones varias arreglamos con Rudi Parra para el porteo en mulas (costo aproximado $250 por 60 kg.), tener en cuenta que por esta ruta acostumbran a parar las mulas a la noche en el mismo lugar que los montañistas por lo que se puede mandar todo en mula y tomarlo en cada campamento.   El primer día se llega al refugio Las Leñas usado como oficina por los guardaparques, después de unas 5 horas de caminata.   El segundo día a poco de empezar se cruza el río Vacas por un puente, la jornada es de unas 6 horas para llegar a casa de Piedras, con poca pendiente, toda esta quebrada es extrañamente verde con llaretas de gran tamaño.   Al siguiente día cruzamos el río Cuevas que ya no es tan caudaloso y nos metemos en la quebrada de Relinchos, mucho mas encajonada, se debe cruzar el río varias veces y sortear una pendiente bastante grande. En casi todo el día ya tenemos la vista de toda la cara Este del Aconcagua que es espectacular. A media tarde llegamos a Plaza Argentina (4.100), donde había aproximadamente unas 60 personas, de las cuales, salvo los prestadores o guías, no había ningun argentino, ( quizás sea por falta de imaginación o por buscar la más comoda).

      Los próximos 2 días nos dedicamos a descansar, hidratarnos, y recuperarnos. El prestador Daniel Lopez ( El Chuqui), nos dejó usar sus instalaciones con toda la onda. En el base hay dos guardaparques y un médico para prevenir accidentes. El médico vimos que se desempeñaba con bastante fluidez dentro de la precariedad del lugar, y en varias ocasiones hizo venir el helicóptero para bajar gente con problemas que suponían algun riesgo. Los guardaparques cumplen una función meramente administrativa, estando muy lejos de estar capacitados para poder aconsejar sobre rutas o para poder evaluar si los visitantes estan a la altura del objetivo, es mas, creo que pedirles un consejo puede ser hasta peligroso.

      Cuando mis compañeros se percataron que me había olvidado en mi casa la bondiola, el queso y varios salamines, casi soy linchado, por suerte pude conseguir algunos elementos como panceta para el guiso de lentejas para sofocar el motín. Hicimos un transporte de equipo al campo 1 (dicen 5200), la subida es en la última parte un poco empinada por lo que es muy recomendable subir por los penitentes de la derecha, tiempo aproximado 4 horas. Bajamos al base.   Al día siguiente Baigual sale para abajo de regreso, su objetivo era venir a la aproximación como primera experiencia de alta montaña, nosotros al ver que estábamos muy bien y por miedo a que el tiempo cambie decidimos empezar a subir. Esa noche dormimos en el campo 1. Al día siguiente subimos al campo 2 (5.900) en 6 horas con mucho viento y bastante frío, la vista de polacos y del Ameguino se dan en toda su magnitud. Esta jornada es bastante larga y cansadora. El campo 2 está justo en la base del glaciar y se consigue agua de deshielo la mayor parte del día.   A esta altura ya habíamos decidido ir por la ruta que llaman falso polacos.

      A los que consultamos por Polacos nos decían que la variante por Piedra Bandera estaba muy mala con muchos ceracs, y que todos la hacían por la directa, lo que implica subir con cierta dificultad técnica hasta la cumbre y bajar en el día, sin la posibilidad de arrepentirse, ( personalmente a los que ví hacer esta variante tenían una preparación física y de aclimatación especial).

      Para el día siguiente quedamos con unos brasileros y su guía de salir juntos.   El 22 de Enero nos despertamos a las 3 de la mañana, por esta cara es mas largo que por la normal, al rato vinieron los brasileros a avisar que habían decidido no subir ese día, como a las 6 y pico con la primera claridad salimos de la carpa.   La primer parte es toda una travesía ascendente primero por un acarreo firme y después por un nevé muy duro pero de poca pendiente, ( llevar grampones y piqueta).   Después de 4 horas de marcha se empalma con la ruta normal debajo de independencia, a unos 6300 metros.   Pasamos por Independencia, portezuelo del viento y traveseamos la parte superior del gran acarreo.   De ahí en más toda la subida buscando la base de la canaleta se tornaba extremadamente pesada, con piedras muy sueltas, todo muy removido.   Llegamos a la base de la canaleta y se empezó a nublar, tomamos el borde derecho con un poco de nieve, al rato empezó a nevar, soplaba más viento, no lo podía creer, tanta mala suerte, después de pararse dos guías que bajaban gente en no muy buenas condiciones y de muy buena manera aconsejarnos que por las condiciones no nos convenía seguir subiendo, decidimos pegar la vuelta, totalmente convencido de que esto todavía no había terminado.   Volvimos al campo 2 muy cansados de a ratos nevando, al llegar a la carpa fui por agua y me encontré que no corría más, por lo que tendríamos que derretir nieve.   Eduardo no estaba muy convencido de hacer otro intento, así que le pedí que me aguantara en el campo 2, que descansaría un día y pasado mañana me tiraba otra vez.

      Así fue, el día siguiente estuvimos recolectando comida de las expediciones que bajaban, tomamos mates con lo último que nos quedaba de yerba y pudimos hablar a nuestras casas con el celular de Eduardo, cuidando mucho que la parte emocional no nos tire para abajo.  La estrategia para el próximo intento era salir muy temprano para llegar a la cumbre a mediodía, porque a media tarde todos los días se nublaba, a la cumbre había unas 10 horas, y por desgracia no había nada de luna por lo que andar de noche se hacía mas complicado.

      El día 24 de Enero salí de la carpa a las 3 de la mañana, hacía mucho frío y mi único campo visual era el alcance de mi petz micro, que no andaba del todo bien, adelante se veían las frontales de unos norteamericanos y mas a la derecha dos canadienses.   Como puedo llego al primer nevé cerca del campamento, voy ubicando la senda, al final del nevé me salen al cruce los canadienses que estaban mas perdidos que yo.   Ya en el acarreo ubicamos la senda y comenzamos la travesía ascendente, le pido que me dejen ir último porque se me cae la linterna a cada rato.   Cuando llegamos al nevé grande alcanzamos a los yanquis, que se habían encordado y se estaban poniendo los grampones, nosotros nos ponemos los grampones y la piqueta y los pasamos.   Grave error, para no maniobrar tanto me traje los grampones automáticos de Eduardo, que me quedaban un poco flojos, la nieve estaba durísima y a cada rato se me salía uno, encima cuando estábamos en la mitad del nevé los canadienses me pidieron muy cortesmente que pase primero, por lo que la segunda mitad la hice con un grampon colgando del tobillo, sin ver un pomo y con 7 habitantes de America del Norte atrás mío cuidando la retaguardia.   Cuando llegamos a las rocas ya estaba clareando, dejé los grampones y piqueta detrás de una roca, salude a mis compañeritos que iban mas lento y empecé a apurar la marcha, se empezaban a ver las luces de las frontales de los que venían por la normal, a las 7 y media me encuentro tirado contra el refugio Independencia, era la primera vez que me pegaba el sol desde que salí de la carpa, hacía mucho frio y no podía dejar de mover los dedos de las manos y los pies, para colmo ahora tenìa que pasar a la cara oeste de la montaña, que seguía en sombra.

      Pasé por el portezuelo de los vientos, que le hacía bastante honor a su nombre, por el peñón Martinez, de ahí directo a la base de la canaleta, cuando llegué la tomé por la margen izquierda vi que estaba todo muy flojo como en todos lados y que los que iban subiendo se iban mandando por la derecha, por lo que fui traveseando muy a la derecha, que parecía un poco más firme.   A medida que subía mas alto podía hacer menos pasos seguidos, las pulsaciones se disparaban, iba cuidando la máquina, llego abajo del filo del Guanaco, ya veo la cara sur , me falta travesear por debajo del filo para la base de la cumbre norte y subir la torre final, a esta altura todo se hace pesadísimo, no hay apuro, solamente un paso detrás del otro, la última subida mas empinada y ahí estaba parado frente a la cruz de aluminio, y vienen a mi mente miles de noches planeando con los ojos cerrados la estrategia para subir, miles de noches soñando con ese último día, ahora lo había hecho realidad, estaba feliz, me senté mirándola y lloré hasta que se me dio la gana, eran la una y veinte, le pedí a unos gringos que llegaron un poco antes que me saquen unas fotos, sabía que todavía me faltaba bajar y que no debía desconcentrarme.

      Emprendí la retirada , bajé sin contratiempos y cuidando de ir hidratándome.  Cuando llegué al CAMPO 2 salió a mi encuentro Eduardo, festejamos el acontecimiento y le agradecí el haberme aguantado hasta que baje.   Al otro día bajamos al campo base, comimos algo, metimos todo en la mochila y seguimos bajando.  El regreso se hizo interminable, la quebrada es muy larga y casi no tiene pendiente, y encima los ríos traían muchísima agua.  Después de 18 horas de bajada con la mochila en la espalda llegamos a Punta de Vacas.