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AGUJA GUILLAUMET 2579mts Primer ascenso Rosarino - Ene 00
Ramiro Casas Croquis de la zona |
Aguja ubicada en el extremo norte del cordón del Fitz Roy, pcia. de Santa Cruz, Argentina Su nombre, puesto por los franceses en el '52, es un homenaje al aviador Henry Guillaumet del primer correo aéreo postal que cubrió extensas regiones de nuestro país. Los primeros en hacer cumbre fueron Fonrouge y Comesaña en el '65. La ruta más asediada es la vía Amy (Bernard Amy-Pierre Vidalhet, 1968) un couloir de unos 4 largos a 60°, que dan a un pequeño col, desde donde se continúa mayormente por roca fácil de no más de 5to grado. Los primeros largos son de buen hielo alpino, con posibilidad de asegurar en la roca adyacente. La rimaya no presenta problemas. Los largos de roca son 4 a 5 y se asegura correctamente con pocos friends. Para llegar a la cumbre en ciertas temporadas es necesario recorrer un largo casquete nevado y con roca de mala calidad, por lo que es ideal llevar botas y una piqueta. Es una escalada muy bonita, que demanda unas 12hs entre escalada, cumbre y volver a Paso Superior.
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Habíamos recorrido 3000 km en tan solo unas 4 horas, y el último kilómetro que nos separaba de la cumbre nos demandó unos 15 días de lucha, tratando de no dejarnos vencer por el mal tiempo, que nos obligaba a subir y retroceder varias veces, hasta que por fín una mañana espléndida pudimos pisar nuestra primer cumbre patagónica. No parecía mucho, no eran las alturas de Mendoza ni la desértica inmensidad de la puna, no era lo inexplorado de Catamarca ni la aventura de las cumbres peruanas, era solo una pequeña aguja de granito inmersa en uno de los climas más duros del planeta, por sus senderos de hielo y roca fuimos cordada adaptada a las condiciones impuestas, casi una fórmula para resolver el clima patagónico, al fin pudimos recorrer esos caminos del viento para llegar a una cumbre llena de paz y amistad.
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Salimos con Ramiro a mediados de Diciembre rumbo a ese sueño al que ya con cariño le decíamos "la Guillo", era la aguja Guillaumet con uno dos mil y pico de metros nuestro principal objetivo, su altura no importaba, ni siquiera su dificultad técnica, ni la rimaya, ni el glaciar eran problemas importantes. Sabíamos desde que leímos el primer relato de anteriores ascensiones que el problema era el impredecible clima de la zona.
La clave era tener suerte y estar en el lugar adecuado durante esos cortos períodos de buen tiempo, después todo se reduciría a trepar a una velocidad enfermiza.
Muchas veces estuvimos en el lugar adecuado casi en el momento justo, y todas las veces tuvimos que regresar, ni siquiera llegamos a salir de Paso Superior (último campamento desde donde se sale para hacer cumbre). Recuerdo una vez que la noche era espléndida, desayunamos a eso de las 1am, nos preparamos, nos calzamos grampones, piquetas, y linternas, media hora más tarde había que tapiar la puerta de la cueva para que la nieve no lo inundara todo, a las 7am estábamos huyendo hacia los campamentos inferiores en busca de mates y tortas fritas. Mas tarde, a eso del mediodía salíamos del bosque a tomar sol, del walkman se escuchaba algún tema de Génesis, mientras allá arriba se veía la más increíble combinación de hielos, granito y firmamento.
Del campamento Poincenot, ubicado entre las lengas, hasta Paso Superior, donde se construyen las cuevas de nieve, hay de dos a cinco horas de distancia, dependiendo de las condiciones de la nieve, de la temporada; si hay que abrir huella, grietas, ó si se va cargado las cosas pueden complicarse bastante. Lo importante es estar en "plena forma" como decía Terray.
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Hacer cuatro intentos desgasta mucho la psicología de una cordada que por primera vez anda por Patagonia, se comienza a dudar de la propia salud mental entre tanto subir y bajar, se analizan anteriores decisiones, se planifican nuevas tácticas para encajar en el ciclo climático, se consultan las estrategias de otras cordadas y se trata de entender el barómetro, que parece ser la única certeza. Con el paso de los días se va aprendiendo de la serenidad y la paciencia, uno busca refugio en los recuerdos de montañas y amigos, lentamente se vuelve a tejer la verdadera escencia de las montañas que el clima estuvo por espantar, poco a poco nos vamos cobijando en la amistad, disfrutando de cada mate, de cada guiso, de cada copo de nieve, mientras bajo el techo de nuestra lona rasgada por el viento bebemos un caliche con el que vamos volviendo a ser más humanos.
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