AGUJA GUILLAUMET

2579mts

Primer ascenso Rosarino - Ene 00

Ramiro Casas
Nicolas Cantini
Rana Algrain
Florian Kvarta

Croquis de la zona

Aguja ubicada en el extremo norte del cordón del Fitz Roy, pcia. de Santa Cruz, Argentina
Su nombre, puesto por los franceses en el '52, es un homenaje al aviador Henry Guillaumet del primer correo aéreo postal que cubrió extensas regiones de nuestro país.
Los primeros en hacer cumbre fueron Fonrouge y Comesaña en el '65.
La ruta más asediada es la vía Amy (Bernard Amy-Pierre Vidalhet, 1968) un couloir de unos 4 largos a 60°, que dan a un pequeño col, desde donde se continúa mayormente por roca fácil de no más de 5to grado. Los primeros largos son de buen hielo alpino, con posibilidad de asegurar en la roca adyacente. La rimaya no presenta problemas.
Los largos de roca son 4 a 5 y se asegura correctamente con pocos friends. Para llegar a la cumbre en ciertas temporadas es necesario recorrer un largo casquete nevado y con roca de mala calidad, por lo que es ideal llevar botas y una piqueta. Es una escalada muy bonita, que demanda unas 12hs entre escalada, cumbre y volver a Paso Superior.



A la vista del objetivo. La vía Amy es el couloir de la extrema derecha. La cumbre de la aguja esta al finalizar el plano inclinado que sube de derecha a izquierda de la foto.
Desde el litoral islero al mundo helado de las cumbres patagónicas
Texto: Florian Kvarta, florian@pemetiel.com.ar
Fotografías: Ramiro Casas, M.F.Kvarta

     Habíamos recorrido 3000 km en tan solo unas 4 horas, y el último kilómetro que nos separaba de la cumbre nos demandó unos 15 días de lucha, tratando de no dejarnos vencer por el mal tiempo, que nos obligaba a subir y retroceder varias veces, hasta que por fín una mañana espléndida pudimos pisar nuestra primer cumbre patagónica. No parecía mucho, no eran las alturas de Mendoza ni la desértica inmensidad de la puna, no era lo inexplorado de Catamarca ni la aventura de las cumbres peruanas, era solo una pequeña aguja de granito inmersa en uno de los climas más duros del planeta, por sus senderos de hielo y roca fuimos cordada adaptada a las condiciones impuestas, casi una fórmula para resolver el clima patagónico, al fin pudimos recorrer esos caminos del viento para llegar a una cumbre llena de paz y amistad.
En uno de nuestros intentos, rumbo a Paso Superior, en este caso después de muchos días de mal tiempo, abriendo huella. Al otro día tuvimos que volver a bajar nuevamente por el mal tiempo.

     Salimos con Ramiro a mediados de Diciembre rumbo a ese sueño al que ya con cariño le decíamos "la Guillo", era la aguja Guillaumet con uno dos mil y pico de metros nuestro principal objetivo, su altura no importaba, ni siquiera su dificultad técnica, ni la rimaya, ni el glaciar eran problemas importantes. Sabíamos desde que leímos el primer relato de anteriores ascensiones que el problema era el impredecible clima de la zona.


La clave era tener suerte y estar en el lugar adecuado durante esos cortos períodos de buen tiempo, después todo se reduciría a trepar a una velocidad enfermiza. Muchas veces estuvimos en el lugar adecuado casi en el momento justo, y todas las veces tuvimos que regresar, ni siquiera llegamos a salir de Paso Superior (último campamento desde donde se sale para hacer cumbre). Recuerdo una vez que la noche era espléndida, desayunamos a eso de las 1am, nos preparamos, nos calzamos grampones, piquetas, y linternas, media hora más tarde había que tapiar la puerta de la cueva para que la nieve no lo inundara todo, a las 7am estábamos huyendo hacia los campamentos inferiores en busca de mates y tortas fritas. Mas tarde, a eso del mediodía salíamos del bosque a tomar sol, del walkman se escuchaba algún tema de Génesis, mientras allá arriba se veía la más increíble combinación de hielos, granito y firmamento.

     Del campamento Poincenot, ubicado entre las lengas, hasta Paso Superior, donde se construyen las cuevas de nieve, hay de dos a cinco horas de distancia, dependiendo de las condiciones de la nieve, de la temporada; si hay que abrir huella, grietas, ó si se va cargado las cosas pueden complicarse bastante. Lo importante es estar en "plena forma" como decía Terray.
En el 2do largo del couloir, un amanecer de granito dorado, la alegría de estar ahí, el frío y las piquetas tallando nuestro camino en el hielo de la Guillo.

     Hacer cuatro intentos desgasta mucho la psicología de una cordada que por primera vez anda por Patagonia, se comienza a dudar de la propia salud mental entre tanto subir y bajar, se analizan anteriores decisiones, se planifican nuevas tácticas para encajar en el ciclo climático, se consultan las estrategias de otras cordadas y se trata de entender el barómetro, que parece ser la única certeza.  Con el paso de los días se va aprendiendo de la serenidad y la paciencia, uno busca refugio en los recuerdos de montañas y amigos, lentamente se vuelve a tejer la verdadera escencia de las montañas que el clima estuvo por espantar, poco a poco nos vamos cobijando en la amistad, disfrutando de cada mate, de cada guiso, de cada copo de nieve, mientras bajo el techo de nuestra lona rasgada por el viento bebemos un caliche con el que vamos volviendo a ser más humanos.
Con los amigos en campamento Poincenot. De izq. a der. Ranita Algrain, Ramiro Casas, Nicolas Cantini y Florian Kvarta.
 Uno de esos intentos nos encontró junto a la rimaya, dos tornillos de reunión y otro que Ramiro se llevó de souvenir para meterle al primer largo. Recién ahí nos dimos cuenta que llevar tres tornillos no tenía mucho gollete, de todas maneras nuestros compañeros de Alemania que nos pisaban los talones esperaron que iniciaramos el primer largo nosotros por haber llegado primeros a la rimaya, siempre se aprenden cosas.
     Los largos de hielo pasaron endemoniados, un bloque empotrado, para alcanzar lo antes posible el final del canal surcado ahora por raudos nubarrones, casi sin demora pasaron fisuras, reuniones y alemanes, pédulas y rígidas, imágenes de un oeste enigmático inundado de nubes y viento.  Un largo caminar hasta la cumbre y el abrazo emocionado con un gran amigo, instantes, paisajes y recuerdos que quedan sembrados profundamente en el corazón, como un hechizo patagónico del que es imposible librarse por más que uno sea todo río Paraná y chamamé.


La cumbre. Al fondo el Lago Viedma.